De nuevo, como cada verano, se acercaba la fecha de compartir unos meses con "Lala", mi niña saharaui. Esta vez, había decidido ir a recogerla personalmente, acompañada de mi hijo. Quería darle una lección de humildad, y que viviera en primera persona, lo pobres que eran, y que era posible ser feliz sin televisión, videoconsola, DVD, sin el último CD de moda ni cacharro dónde escucharlo.De regreso a casa, a la mañana siguiente, su cama y la de “Lala” estaban vacías y sobre mi almohada había una nota que decía: He vaciado la hucha. Ya no quiero la moto para la que ahorraba. Me voy con “Lala” de compras... Gracias por enseñarme lo pobres que somos.










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