Al otro lado del auricular, la voz entrecortada de un cobarde, alertaba de que el artefacto haría explosión en dos horas.De nuevo, la escena repetida: El pánico apoderándose de la gente inocente, y la violencia, asesinando el derecho a la paz y el sosiego, en un crimen tan injusto como impune.
Los artificieros dan luz verde; alguien se ha burlado una vez más ... Y todavía hay que mirar al cielo y dar gracias porque solo ha sido una falsa alarma.
Esta vez, la anécdota la contaremos todos, como un clamor de multitudes, en anticipado homenaje a los que faltarán la próxima.










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